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¿Qué podemos hacer frente a los polos imperialistas repartiéndose la torta?: un llamado a disminuir el tráfico de datos
Por Montoneras
A seis años de aquel octubre, cuatro del comienzo de la guerra en Ucrania, más de dos años de la reactivación del genocidio de Gaza y en plena instalación de las ultraderechas producidas por el régimen colonial capitalista en Latinoamérica, el ejército de los Estados Unidos asedia Venezuela, lanzando bombas y secuestrando al presidente Nicolás Maduro, violando abiertamente la soberanía del país latinoamericano, normas constitucionales gringas y el derecho internacional decretado para proteger la soberanía de los Estados autónomos, que este gesto pone en duda. La economía se muestra tal como es, el capitalismo mundial no tiene problema con deshacerse de los obstáculos. El magnate solo puede serlo en la medida de su visión de la ganancia personal, todo lo que le rodea es un medio para aumentarla y lo que no puede volverse medio, es impedimento ya sea como obstáculo o como competencia. El magnate que se encuentra actualmente en la presidencia de los EEUU, decreta la toma de la administración del país violado, argumentando racionalmente la necesidad de la medida, adjudicándose el derecho de llevar a la corte norteamericana a un ciudadano venezolano sustraído de su territorio nacional mediante procedimientos constitucionalmente ilegítimos y que ni siquiera está mandatado a comparecer ante el derecho norteamericano. Más que evidente es el objetivo del imperialismo gringo: hacerse del petróleo de otros y esta vez no es siquiera una necesidad el adornar sus intenciones con retóricas o eufemismos: “We’re going to have our very large United States oil companies, the biggest anywhere in the world, go in, spend billions of dollars, fix the badly broken infrastructure, the oil infrastructure, and start making money for the country”, dijo T. El objetivo es saquear cara de rajamente el petróleo de Venezuela, en una siguiente movida atacar la soberanía de Groenlandia, y suma y sigue desafiando el poder efectivo del derecho internacional y poniendo en ridículo el sentido del liberalismo universal –que es el burgués– y los acuerdos internacionales por la paz, exponiendo su posible obsolescencia, pero también abriendo la posibilidad de interpretarlos como brechas pacíficas necesarias para una guerra imperialista histórica que no acaba con los genocidios. Petróleo, petróleo, petróleo, metales preciosos, materias primas alimento de las industrias. El presidente T es el sujeto ganador que a cualquier costo vuelve realidad sus objetivos porque detenta el poder, proyectando un sentido de triunfo de la ley del más fuerte. Este es un tipo de sujeto epítome de la ideología colonial capitalista y sus adeptos son los sujetos ideológicos cuya relación imaginaria con las condiciones de existencia se encuentra confinada al individualismo, la competitividad, el racismo y una cuantía enorme de valores conservadores. Una acción justa por parte del poder de la comunidad internacional parece nada más que una falsa ilusión. A nadie le conviene declararse en contra de este polo imperialista. Así como la filosofía moderna quiso encender la luz de la razón humana con su método y su ciencia, dando pauta para una racionalización del progreso industrial y la constitución del derecho humanista –actuar según una máxima que pueda ser universal y no usar a otro ser humano como medio–, también produjo un humanismo capitalista que se acrimina contra los humanos de segunda, tercera y enésima categoría. Para qué hablar de todo lo no humano. En fin, nada nuevo bajo el sol como dijo Salomón: para todo esto sobran memes, comentarios e imágenes de internet. Nada nuevo. La torta del mercado mundial hecha de socavones y ríos de sangre esclavizada. Los genocidios son daños colaterales que los imperios siempre han incluido en sus cálculos. Mientras tanto, las masas humanas que pueden seguir consumiendo sus productos de preferencia y ser apreciados y recompensados en su calidad de clientes, o las ignoran, o desde sus pantallas y por medio de sus cuentas de redes sociales, las observan, comparten y comentan. Producen el flujo de la información en la forma del tráfico de datos. El objetivo de esta nueva forma de extractivismo es hacer pasar al cliente el mayor tiempo posible en la pantalla, alimentando el mercado con sus preferencias y deseos, reproduciendo el modo de producción de la forma más facilitada que la historia haya visto antes: moviendo solo dedos y ojos. El mejor cliente es aquel que tiene menor regulación de su tiempo de atención a las Apps. Los mejores clientes son aquellos que no han constituido aún un criterio de discriminación para traficar datos: las infancias y trabajadores enajenados, que también son, en el peor sentido pensado del término, infantilizados. Con esta sucesión histórica de violaciones a nuestra América latina, la violación reciente a Venezuela hizo sangrar a mares mi memoria, aunque no es tiempo de llorar, sangré sangre transparente por mis ojos. Qué deseos de gritar y protestar por detener esta impunidad. Pero el encantamiento de las rrss nos tiene dormidos en una nueva relación imaginaria con las condiciones reales: el que las redes sociales fortalecen los lazos sociales. Cuando en realidad, en esta dictadura del algoritmo, el miedo al cringe que enajena a los niños y jóvenes, el dominio de las subjetividades por la valoración de la imagen digital, del sí mismo y del propio mundo en síntesis de imágenes repetidas, por su capacidad de producir adicción a las reacciones de los demás y a las imágenes que allí circulan, siendo potencia de tráfico de datos, termina produciendo personalidades narcisistas o estados depresivos sostenidos, con una perspectiva individualista, competitiva y depredadora de la sobrevivencia, un solipsismo individualista de la conexión. Las rrss rompen los lazos sociales. Hasta el momento parece que la huelga más eficiente que podemos realizar es desconectarse de este tráfico.
Fotograma de Mato seco em chamas

